Ciertamente, cada vez que pensamos en un cementerio, se nos vienen a la cabeza historias tristes, momentos de dolor, de llanto, y no se ve como un lugar donde se apetece estar por mucho tiempo. Para muchos, es un lugar sagrado donde reposa el cuerpo de miles de personas, para otros es un lugar donde se puede probar que hay energías y entidades que se manifiestan entre nosotros.
Este relato llega desde Madrid, España. Beatriz nos cuenta una experiencia que sin duda, nos hará pensar profundamente en todos los secretos que aguardan los cementerios de cada ciudad y de cada país.
Para esto, tenemos que ubicarnos en el año 2010. Beatriz era una chica de 15 años en ese entonces, vivía en un apartamento junto a su madre y a su abuela. La madre de Beatriz tenía un horario muy pesado de trabajo, normalmente llegaba a las 7 de la noche a casa, si tenía suerte con el tránsito llegaba a las 6 de la tarde. La abuela de Beatriz por su parte, una señora septuagenaria, ya disfrutaba de su pensión y se encargaba de cuidar a la adolescente.
Beatriz amaba a su abuela, desde muy pequeña, la señora cuidaba de ella. La abuela de Beatriz siempre se encargaba de levantarla temprano, alistarle el desayuno y desearle un excelente día en el instituto. Sin duda, se creó un lazo especial entre abuela y nieta. Pero la vida es un ciclo.
Eran los primeros días del año 2010, y Beatriz notaba que su abuela sufría de una tos constante. Su abuela siempre fue una señora que cuidó mucho de su salud, por lo que se preocupó un poco. Beatriz le pidió por días a su madre que llevaran a su abuela al hospital, ya que eso no era normal, mas su madre persistía en que compraría un jarabe que la aliviaría y que no tenía tiempo para llevar a la señora al hospital solo por una tos.
Los síntomas en la abuela de Beatriz no disminuían, por el contrario, aumentaron muy rápidamente. La señora, que se conocía por ser vivaz y siempre tener una sonrisa en su rostro, se veía cansada, con dolores en las articulaciones y en la cabeza, y con una tos cada vez más seca. Fue entonces cuando la madre de Beatriz cedió a llevarla al hospital, pero era demasiado tarde.
La abuela de Beatriz contrajo una neumonía vírica atípica, un virus afectó al epitelio bronquiolar, provocando que la infección se extendiera al intersticio pulmonar. El estado de la abuela de Beatriz era muy grave, por lo que se le internó de inmediato en el hospital. Beatriz no podía visitar a su abuela ya que la enfermedad era contagiosa, aunque el último deseo de la señora era ver a su nieta, y ciertamente Beatriz también deseaba ver a su abuela. Mas esto no pudo ser, el día en que Beatriz iba a visitar a su abuela, la señora falleció.
Esto fue un golpe duro en la vida de Beatriz, ya que una de las personas que más amaba había fallecido, y ella se sentía culpable de no haberla atendido a tiempo, así como de no poderla visitar. La señora siempre fue de creencias católicas, y como vivían en el distrito de Vicálvaro, la abuela de Beatriz fue enterrada en el Cementerio Civil de Madrid.
Por semanas, Beatriz pasó por el proceso de luto que cada persona conlleva al perder a un ser querido, pero no había tiempo que perder, pues ella debía sacar buenas notas en el instituto, además que con la ausencia de su abuela en la casa, los quehaceres recaían en su responsabilidad. Un mes después de la muerte de su abuela, Beatriz visitó el cementerio sola, ya que quería ver cómo estaba la tumba de su abuela. Ahí, la adolescente encontró tiempo para pensar un poco y de llorar. Beatriz se sintió muy a gusto en el cementerio.
El Cementerio Civil de Madrid quedaba a poco más de un kilómetro de su casa, de hecho, si desviaba un poco la ruta desde el instituto a su casa, podía visitar el cementerio un momento. Esto se hizo costumbre, Beatriz iba dos o tres veces por semana al cementerio, en algunas ocasiones simplemente se sentaba a pensar a la par del lugar donde enterraron a su abuela, en otras lloraba, aunque casi siempre le hablaba.
Iban a cumplirse los tres meses desde que la abuela de Beatriz falleció, por lo que esta vez la chica llevaba flores para ponerlas al lado de la tumba, pero esta vez, algo fue distinto. En la tumba de su abuela, había alguien visitando la tumba de su abuela. Esta persona, estaba sentada a la par de la tumba, como Beatriz acostumbra hacer, era una mujer, parecía estar hablando o sollozando, y vestía de blanco.
Beatriz no reconocía a esta persona, pero podía ser alguna amiga lejana de su abuela, que se venía dando cuenta de su fallecimiento. Por un momento, la chica pensó en pasar más tarde a visitar la tumba de su abuela, pero la curiosidad reinó en su decisión de ir y conocer a la persona que estaba ahí, al lado de su abuela.
Conforme Beatriz se acercaba a la tumba, podía escuchar como la mujer hablaba viendo directamente a la lápida. Con cada paso, la chica observaba más detalles de la mujer, la cual tenía el cabello oscuro, una piel muy clara, podía tener unos 40 años, y era muy bella. Unos 10 metros antes de llegar a la tumba de su abuela, la chica se percató de que la mujer había dejado de hablar, y repentinamente, la volvió a ver directamente a los ojos. Ella se sintió bastante intimidada, pero necesitaba saber quién era esa persona, por lo que llegó al otro lado de la tumba, colocó las flores a la par de la lápida, y le habló a la mujer:
-Hola.
-...
-Disculpa que te interrumpa, solamente quería dejarle estas flores a mi abuela... Quería preguntarte quién eres, es que no logro reconocerte.- preguntó Beatriz.
-Soy una amiga de tu abuela.
-Creo que nunca me contó sobre alguien como tú, ¿cuándo la conociste?- dijo la chica, pensativa.
-La conocí en el hospital, en sus últimos días.- respondió concisamente la mujer.
-Que curioso, ninguna enfermera me contó que ella hubiera hecho amistades en el hospital.
-Fui más bien, una conocida.- respondió de inmediato la mujer.
-Puedo preguntarte ¿por qué la visitas?- dijo Beatriz, después de un tiempo de silencio.
-Ella me lo pidió.- respondió la mujer de inmediato.
-¿Por qué?
-Me pidió que te dijera algo.- después de que la mujer dijo esto, Beatriz sintió un escalofrío en su espalda.
-¿Qué sería?- preguntó la chica, con una voz nerviosa.
-Ella sabía que su último deseo, verte, no podría ser cumplido. Me pidió que si alguna vez te veía por aquí, te dijera que ella estaba bien, y que no necesitaba que la visitaras tanto al cementerio.- la mujer no quitaba la mirada de los ojos de Beatriz mientras hablaba.
-¿Disculpa? ¿Cómo ella te pudo haber dicho eso?- preguntó Beatriz con una mezcla de incredubilidad y miedo.
-Fue lo último que dijo.- respondió la mujer.
Beatriz no sabía cómo reaccionar, de repente sintió mucho miedo hacia la presencia de esta mujer, que no le quitaba los ojos de encima. La mujer se levantó, era muy alta, Beatriz lanzó una pregunta más:
-¿Eres enfermera?
-Algo así. Ciertamente alivio a las personas de las enfermedades y los dolores, pero nadie cree que sea buena.- la mujer empezó a caminar.
-¿Quién eres?- preguntó Beatriz. La mujer pasó a la par de Beatriz, y cuando parecía irse, le dijo a los oídos.
-Hoy no te toca saberlo. Será la próxima vez que nos veamos.- después de una pausa, prosiguió. -Solo quiero que sepas que no la hice sufrir.
Beatriz simplemente se congeló, se ecnontraba muy confundida por lo que la mujer la había dicho, pero sobre todo, sentía mucho miedo. Para cuando la chica entró en sí misma nuevamente, se dió cuenta que la mujer ya no estaba, no la pudo encontrar por ningún lado. Desde entonces, Beatriz no volvió a visitar a su abuela al cementerio, no tanto porque no quisiera, sino por miedo de volver a encontrarse a esta mujer.
Hyboor


No hay comentarios:
Publicar un comentario